Enfermedades mentales: una reflexión basada en la evidencia

“No se quería morir, solo quería llamar la atención […], es una manipuladora. Si de verdad se hubiera querido matar, se tira de clavado y sin casco”; “vieja tonta y bruta”; “deberían cogerla de prueba científica para el coronavirus ya que se quería morir”;  fueron algunos de los comentarios de muchas personas, al referirse a una mujer que se tiró de un puente, pero al momento de hacerlo tenía un casco de motocicleta puesto. “Por huevona”, dijeron otros, cuando los medios dieron la noticia que posiblemente no volvería a caminar. Si viniera buscando apoyo, lamentablemente se encontraría con personas dispuestas a lapidarla para mandarla a “las llamas del infierno”. Apartando la indignación del asunto, lo que realmente causa desazón es la estigmatización que sigue habiendo sobre las enfermedades mentales y a quienes las padecen.

Estigmatización que quizás es producto de la indiferencia y el tabú con el que por décadas se ha hablado de salud mental y de los mismos profesionales de la psicología y psiquiatría, empero, es justo y necesario comenzar a ver la salud mental; tal como lo propone la OMS, como parte integral de lo que somos, es decir, seres biopsicosociales; seres conformados por una parte biológica, una mental y otra social, en donde la armonía de estas tres permiten gozar de un completo estado de bienestar.

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Ahora, para que esto sea así, es vital que el padecer una enfermedad mental no sea visto como señal de debilidad o “berrinches para llamar la atención”, de la misma manera que padecer diabetes, cáncer o hipertensión no significa ser débil.

La verdad sobre las enfermedades mentales

Lo cierto es que, a diferencia de las enfermedades físicas, los trastornos que se originan en la mente no discriminan entre sexo, género, orientación sexual, edad, color de piel, estrato, religión, ni estrato socioeconómico. Tampoco hay signos visibles como los puede haber en el caso de una enfermedad física, donde, por ejemplo, el vómito, la fiebre o las náuseas son los síntomas que avisan que algo no está bien con el cuerpo. La depresión, la ansiedad, la ideación suicida y demás enfermedades mentales afectan la actividad del cerebro, por lo que los signos son, en cientos de ocasiones, imperceptibles para la mayoría de las personas, pero eso no significa que, porque no se puedan ver, no existen.  

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Muchas de estas enfermedades mentales relacionadas con el estado del ánimo, pueden aparecer en cualquier momento y nadie está exento. Provocan un sufrimiento que es real, profundo y grave. Depresión no es sentirse ‘down’ o estar triste por no haber salido el fin de semana de rumba. Ansiedad no es mover las piernas o los dedos compulsivamente. La ideación suicida no son ganas de llamar la atención. Hay que ser conscientes que estas enfermedades pueden ser tan reales y tan dolorosas o mucho más, al nivel de una enfermedad física, y de la misma forma, que una de estas puede llevar a la muerte, una enfermedad mental también, si quien la sufre en lugar de apoyo, empatía o compañía, encuentra que le invalidan sus emociones, le juzgan o le ignoran.

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Son justamente esas ideas, que al final hacen que las personas que se encuentran sufriendo emocionalmente no busquen ayuda. Nadie quiere ser juzgado de  ‘loco, inmaduro, pecador o débil’.

Dejando el estigma

Entonces no se trata de volvernos expertos en salud mental; para eso hay profesionales en esta área (los cuales no son inmunes de sufrir enfermedades mentales). Se trata de validar, de acompañar a quien sufre, de brindar apoyo y sobre todo, de actuar con empatía, como si fuera uno mismo quien estuviera sufriendo.

Claro que esta no es la solución para que nadie vuelva a padecer enfermedades mentales, o no haya más suicidios, pero sí será un gran paso para derrotar el estigma y que se pueda reconocer sin miedo que se está sufriendo por una enfermedad mental, y quien padece pueda decirlo en voz alta para buscar ayuda. Así como decía Adam Ant, “La salud mental necesita una gran cantidad de atención. Es un gran tabú y tiene que ser encarado y resuelto”.

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