Paradoja de la tolerancia ¿Se puede utilizar para justificar actos violentos?

Bajo la premisa, y la idea de no tolerar actos discriminatorios o ideas que van en contra de las creencias o ideologías de una mayoría se puede caer en la falacia de pensar que hay que permitir ciertos actos porque actúan en nombre de lo que no está bien y no se puede tolerar.  Se puede decir que es así, sin embargo, no se debe no-tolerar todo lo que parezca intolerante. Mejor dicho, la intolerancia debe ser permitida solo hasta cierto punto. Esta es la paradoja de la tolerancia que propone Karl Popper y que en las siguientes líneas se tratará de explicar lo más sencillo posible.

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En estos tiempos de agitación, y gran polarización social, las redes sociales permiten estar al tanto de lo que sucede en todo el mundo; las ideas son esparcidas más rápido y los movimientos se hacen fuertes en cuestión de minutos, es necesario tener presente esto que puede llevar a una reflexión más profunda sobre lo que vemos día a día. Pero también de lo que permitimos que pase en nombre de la tolerancia.

La paradoja de la tolerancia

La paradoja de la tolerancia es una famosa reflexión introducida por el filósofo austriaco Karl Popper, en su libro La sociedad abierta y sus enemigos. Ahí se postula que la tolerancia ilimitada puede conducir a la desaparición de la tolerancia; si la tolerancia ilimitada se extiende a aquellos que son intolerantes; si la sociedad no se halla preparada para defender la tolerancia contra los atropellos de los intolerantes, el resultado será la desaparición de los tolerantes y, junto con ellos, de la tolerancia. Ahora, si se llega al punto de ser demasiado intolerante con la intolerancia, se pasará al otro lado, donde la sociedad se convertirá en aquello que no permite: la intolerancia.

Pero la paradoja de la intolerancia no termina aquí, lo que argumenta Popper a continuación es que la tolerancia o la intolerancia tienen un límite, lo que significa que no siempre se debe impedir la libertad de expresar ideas o concepciones intolerantes mientras se puedan contrarrestar con argumentos racionales. Su prohibición sería poco prudente por dos razones. En primer lugar, se caería en la intolerancia, y en segundo lugar, el solo hecho de coartar la libertad de expresión aun de ideas intolerantes, le otorgaría validez entre un sector de la sociedad. Aquí, es justo decir, que para Popper, el verdadero intolerante es aquel que utiliza la violencia física para evitar que otros hablen o se expresen.

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¿Cómo actuar frente la intolerancia?

Si bien la paradoja de la intolerancia plantea que se debe permitir la expresión de ideas intolerantes hasta cierto punto, lo que sí hay que hacer es reclamar el derecho a prohibir esas ideas que amenazan con socavar los cimientos de una sociedad democrácita, diversa y plural. En ese orden, Popper expone que las concepciones intolerantes hay que contrarrestarlas en el plano de las ideas racionales, sin violencia. En algunos casos, según el filósofo, será necesario el uso de la fuerza en el momento que estás ideas rechacen los argumentos racionales, y entonces, prohíban a sus adeptos escuchar tales argumentos acusándolos de ser engañosos y les enseñen responder a los argumentos con el uso de la violencia.

De esta manera, según lo señala Karl Popper, “deberemos reclamar entonces, en nombre de la tolerancia, el derecho a no tolerar a los intolerantes. Deberemos exigir que todo movimiento que predique la intolerancia quede al margen de la ley y que se considere criminal cualquier incitación a la intolerancia y a la persecución, de la misma manera que en el caso de la incitación al homicidio, al secuestro o al tráfico de esclavos”.  

¿Hasta cuándo se debe tolerar lo intolerante?

Concebir una idea como intolerante es insuficiente para que sea prohibida, todo dependerá si pasa la línea de la tolerancia. Sin embargo, lo que el principio de la paradoja de la tolerancia no deja claro, es precisamente ese punto; el límite para tolerar lo intolerante. Puesto que, no todas las ideas se pueden medir con la misma ‘vara’, lo que se debe hacer en este caso es una discusión en el plano de las ideas para poder decir que esa idea está trasgrediendo los límites de lo que debe ser tolerado.

Aquí entra en juego lo que Nietzsche ha descrito como el sentido estético de la justicia; de lo que está bien y está mal; de lo que es tolerable y lo que no. Para él la justicia y la vida se rige por un valor estético; por un sentido que permite categorizar algunas cosas como mejores que otras, ¿Por qué está bien matar una cucaracha y no una mariposa si ambos son insectos? ¿Por qué el asesinato de una persona negra en otro país causa más indignación que el homicidio de un negro en el propio país?

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En conclusión sobre la paradoja de la tolerancia

En definitiva, lo que hay que entender, es que no hay que excusarse en defender la tolerancia para ser intolerantes con aquellas ideas que nos incomodan o van contra las propias; tomar la paradoja de la tolerancia, para prohibir o callar a la fuerza ideologías, que aunque no atentan contra la integridad y los derechos esenciales de las personas, no parecen progresivas. Claramente, el racismo, la homofobia, la xenofobia, la islamofobia, y toda forma de discriminación no se debe tolerar, pero, antes de usar la fuerza, hay otras alternativas para contrarrestar dichas actitudes.

No se debe penalizar las ideas, sino los comportamientos. Justamente, la existencia de discursos en contra, es lo que permite que una sociedad sea categorizada de liberal, abierta o tolerante, pues, de otro modo, sería una sociedad autoritaria. A este respecto, escribió John Stuart Miller en su libro Sobre la libertad,  “hasta la más intolerante de todas las iglesias, la Iglesia Católica Romana, durante un proceso de canonización admite y oye pacientemente a un ‘abogado del diablo”.

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