Cómo mejorar tu capacidad para la resolución de problemas

Todos los días, en cada momento, estamos poniendo en práctica nuestra habilidad de resolución de problemas para tomar decisiones. En consecuencia, resolver problemas y tomar decisiones hace parte de nuestro día a día y es uno de los procesos cognitivos más utilizados por las personas, incluso se ha visto que algunos animales son capaces de llevar a cabo análisis de resolución de problemas. Pero antes de continuar y estar en sintonía vamos a definir primero qué entendemos por resolución de problemas.

¿Qué es la resolución de problemas?

Cuando hablamos de resolución de problemas en psicología cognitiva, nos referimos a todo el proceso mental que pone en marcha el cerebro para llegar a tomar una decisión finalmente. Ahora, por problema, nos referimos a cualquier cosa que le plantee al cerebro un reto, un desafío que implique gastar energía para realizar un trabajo de comprensión del problema, análisis y evaluación, con el fin de tomar una decisión, como por ejemplo, decidir qué ropa te pondrás para ir a la fiesta, o qué quieres cenar está noche, o cuál es el mejor momento para empezar a estudiar para ese examen, o cuál es la mejor ruta que puedes tomar para llegar más rápido a tu destino, y así constantemente nos estamos enfrentado a problemas que el cerebro tiene que resolver para no entrar en conflicto.  

Indudablemente, hay decisiones que se hacen casi automáticamente, por lo que no representan un gran problema para la mente, sin embargo hay otros tipo de conflictos que demandan más procesos cognitivos, generan estrés, ansiedad y pueden significar una decisión importante en la vida.  

¿Por qué es importante aprender a resolver problemas?

En muchos estudios se ha encontrado que resolver problemas y tomar decisiones correctas relaciona con mayores niveles de autoestima, autoconfianza y sentimientos positivos, en la medida que gestionar satisfactoriamente un problema que puede ser considerado grande, le hace ver a la persona que lo hizo bien y por lo tanto tiene grandes capacidades para la resolución de conflictos, lo que le ayuda a percibirse en términos positivos, produciendo que se eleve su autoestima, así como la confianza en sí mismo y a tener sentimiento positivos.

Pero para muchas otras personas, el tomar una decisión puede ser una tarea muy agotadora, frustrante y agobiante, lo que desencadena comportamientos o respuestas disfuncionales como la evitación o negación para no enfrentarse al problema, grandes niveles de ansiedad, estrés y en muchos casos, genera depresión y creencias pobres de sí mismo.

Técnicas para mejorar la resolución de problemas

Mantén la calma y cambia tu actitud hacia el problema

Se ha descubierto que centrarse excesivamente en el problema en lugar de concentrarse en la solución no ayuda a la resolución de este, sino a aumentar los niveles de estrés y ansiedad, por consiguiente, habrá menos capacidad para encontrar una respuesta. En cambio, mantener la calma, desviar la atención hacia otro foco o mirar el problema desde otra perspectiva ayuda a estimular la creatividad, y encontrar una solución. Una de mis profesoras en la universidad le llamaba a esto “dejar en remojo”.

Conceptualizar o ver el problema como una oportunidad o un reto y no como lo que es, ayuda también a disminuir los sentimientos de incapacidad y mejorar la capacidad de resolución de problemas. Dentro de la terapia cognitivo conductual, esto se llama reestructuración cognitiva, es decir, cambiar el significado de aquello que me genera ansiedad para gestionarlo mucho mejor, por ejemplo, si tienes un examen muy importante y te hace sentir ansioso o muy estresado, pensar que no es un examen, sino un simulacro o una evaluación de preparación, puede ayudar a que tu rendimiento sea mayor.

Definición y formulación del problema

Durante esta etapa lo que se busca es una definición clara y concreta del problema que te está afectando, así como objetivos realistas de lo que quieres alcanzar. Es quizás una de las etapas que más trabajo requiere porque se tiene que hacer una conceptualización precisa y objetiva del problema, su naturaleza, los determinantes e importancia del mismo, para que la decisión que tomemos solucione el problema definitivamente.

Hacerte las siguientes preguntas útiles ayuda a que toda la información relacionada con el problema se ponga sobre ese plano objetivo. Algunas de las preguntas que te pueden ayudar son: ¿Quién está implicado? ¿Qué sucede o qué no sucede que me molesta? ¿Qué hace que siga sucediendo? ¿Qué hago, pienso y siento cuando pasa? ¿Qué consecuencias trae? ¿Cómo reaccionan los otros? ¿Por qué necesito llegar a una solución? ¿Cómo haría que la situación fuese diferente?

Generación de soluciones alternativas

Aquí es importante que mantengas pensamientos positivos acerca del problema para estimular la creatividad y tener varias opciones disponibles de solución. Debido a que es una fase donde se busca tener el mayor número de alternativas posibles, es válido no limitarse y contemplar todas las ideas, ya sean lógicas o descabelladas, pues en el próximo paso vas seleccionar la opción más realista de ejecutar. Así que una estrategia bastante eficaz en este paso es hacer una lluvia de ideas con todo lo que se pase por la mente que pueda contribuir a hacer una adecuada resolución de problemas.

Toma de decisión

Una vez hemos reunido un número significativo de alternativas posibles para la resolución del problema, es hora de pasar a evaluar cada una de ellas, eliminando aquellas que su realización conlleve consecuencias negativas inaceptables, y/o que no sean factibles ya sea por falta de recursos, de habilidades u otras barreras.

Una estrategia útil en este paso es imaginar escenarios donde se ejecute cada una de las posibles  soluciones y anticipar los resultados que podría traer la puesta en escena de dicha alternativa, evaluando los efectos positivos y negativos a corto y largo plazo; el tiempo, recursos y esfuerzos requeridos, así como evaluar el bienestar físico, psicológico y económico que traería dicha decisión; si afectaría a alguien y cómo le afectaría; cómo se vería comprometida nuestra imagen delante de los demás, y si afectaría nuestros valores personales.

La alternativa o alternativas resultantes tienen que ser aquellas que realmente puedas llevar a cabo en términos operacionales, que no requiera mucho esfuerzo, y que sea aquella idea que no afecte tus valores o a las demás personas.

Aplicación de la solución

Y él último paso para la resolución de problemas es pasar a la acción, es decir, poner en marcha la decisión tomada en el paso anterior. Durante esta fase es posible que surjan algunos inconvenientes u obstáculos ya sean externos o internos como falta de motivación o miedo al fracaso que impida la realización del mismo, por lo tanto, lo que se debe hacer es realizar los ajustes que sean necesarios para ejecutar la decisión y si no es posible, buscar otra alternativa que se pueda poner en marcha sin inconvenientes.

Debes tener en cuenta que la resolución de problemas es una habilidad que necesita ser entrenada, por lo que las primeras veces, te costara trabajo; tranquilízate, eso no quiere decir que no seas capaz, solo que necesitas esforzarte un poco más. Ahora, si detectas que tienes una fijación funcional, o sea, que por más que te esfuerces siempre terminas viendo los problemas de la forma acostumbrada; o te sientes bloqueado, es útil que puedas consultar a otras personas, para que te ayuden a ver la situación de otra manera e incluso puedan ayudarte en la generación de alternativas para solucionar un problema.

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